El Circulo Dorado: Entrevista con Laura Shannon

en Uno Mísmo, Buenos Aires, Argentina, No. 184 October 1998.
Entrevista para Maria Marta Suarez

Laura Shannon, nacida en los Estado Unidos, tomó contacto con las Danzas Sagradas en la Fundación Findhorn (Escocia) en 1984. Para entonces ya había hecho estudios interculturales en la universidad, llevada por una fuerte atracción por las tradiciones artísticas de otros pueblos.
Más tarde, en Findhorn, completó la capacitación para maestros de danzas dirigida por Anna Barton. Durante este curso conoció a Andy Bettis, uno de los primeros maestros de Danzas Sagradas Circulares en Inglaterra, se casó con él y en 1988 comenzaron juntos a enseñar estas danzas. En la actualidad, Laura viaja a más de 15 países en el mundo para trasmitir el espíritu del círculo sagrado; y es eso lo que hará a mediado de noviembre, en una gira que incluye Montevideo, Buenos Aires, Rosario, Bariloche y Jujuy.
La entrevista que sigue fue realizada por e-mail, y estuvo a cargo de María Marta Suárez, como producto de un cuestionario colectivo elaborado por el grupo de profundización que coordina Felisa Chalcoff.

Qué sentís cuando bailás?
Siento atemporalidad, siento que bailo sobre las huellas de mis antepasados. Me siento conectada conmigo misma y con aquellos que están a mi lado. Siento felicidad y gratitud por ser, simplemente, parte del círculo. Los paso sirven de mantra, absorben el parloteo mental facilitando la focalización de la atención. Aun las danzas ráoidas pueden facilitar un estado de paz y meditación.

Qué creés que sienten las personas que integran la ronda?
Lo bello de las danzas circulares es que la experiencia de cada participante puede ser diferente y es bienvenida con sus características únicas. A nadie se le pide que cambie para ser aceptado. La danza circular es social, no tiene jerarquías. Una vez que el maestro enseña la danza y se disuelve dentro del círculo, este se lidera a sí mismo. La danza circular puede ser espiritual sin ser religiosa; filosófica, sin ser dogmática; emocional, sin ser indulgente o analítica. Simplemente tomándonos de las manos creamos un espacio práctico para la sociedad humana en el cual toleramos las diferencias de cada uno.
Por supuesto, cuando la gente comparte el movimiento, sus ondas cerebrales también tienden a sincronizarse. Esto da un sentido de unidad con los compañeros, que es un antídoto esencial contra el aislamiento que mucha gente siente en la sociedad moderna. En este espacio contenedor, muchas emociones pueden emerger del grupo, y esta es la base de lo que yo llamo el aspecto terapéutico de las danzas circulares.
En mi entrenamiento como terepeuta de danza y movimiento, focalicé gran parte de mi energía en la historia de la Danza Circular Sagrada, la cual tiene raíces muy antiquas. Estas danzas nos llevan directamente a la adoración primal de nuestros ancestros de los ciclos del año y de la tierra, la fuente de la vida. La gente bailaba para señalar momentos significativos de la vida: cumpleaños, nacimientos, bodas, funerales y festivales del año, así como también ritos más modernos, cambios de camino tales como dejar un trabajo, ingresar en la universidad, permitir a los hijos crecidos que se vayan de casa o atravesar un divorcio.

Qué elementos unifican y diferencian las distintas danzas?
Las formas básicas tienden a ser las mismas: danzamos en círculo cerrado o abierto, la gente se toma de las manos de una forma o de otra. La danza misma es una secuencia de pasos que se repiten una y otra vez. Las danzas más simples son las más fáciles de aprender y los bailarines pueden más rápidamente integrar los pasos y abrirse a la experiencia de ser contenidos y hamacados en el círculo.
La diferencia esencial yace en qué pasos hacemos y cómo los hacemos, porque cada danza de cada lugar tiene su estilo particular: podemos bailar rápida o lentamente, podemos llevar nuestros pies suavamente o golpearlos enérgicamente contra el suelo, con exuberancia o con quietud. Esta gama de estilos diferencia las danzas y nos permite acceder a una vasta gama de emociones que van de la alegría y la pena a la fiereza, celebración, sensualidad y plegaria.

Qué sucede, realmente, cuando visitas un lugar lajano para llevar a cabo tu tarea de investigación?
Diría que hay tres tipos de `lugares lejanos' donde llevo a cabo mi trabajo. Primero los lugares a donde voy a aprender las danzas, luego los lugares a donde voy a enseñarlas, y tercero, los `lugares lejanos' dentro de nosotros, los cuales pueden ser tocados y sanados por las danzas.
Cuando voy a aprender a países como Bulgaria o Grecia, donde la tradición de la danza todavía existe, tengo mucho cuidado en no entrometerme demasiado en los eventos que estoy observando. No quiero que mi presencia cambie sus propias celebraciones. Esta discreción me ha permitido atestiguar algunos eventos extraordinarios. Por ejemplo, la terranal y acrobática danza de adolescentes en la isla de Creta, donde la danza es considerada muy masculina y viril.
Estos jóvenes tienen el hábito, algo desconcertante: disparan los revólveres antiguos de sus padres desde la taverna donde están bailando! Luego practican la tradición centenaria de improvisar coplas rítmicas con sus mandolinas, mientras caminan solos en el medio de la noche cantando elocuentemente sus penas de amor y sus deseos. Obviamente, yo no enseño este folclore a mis grupos, pero la pasión que alimenta la danza y el canto de estos jóvenes ilumina mi entendimiento de lo que enseño.
El trabajo de apredizaje y recolección también lo hago en comunidades de la diáspora, por ejemplo en la comunidad armenia de Londres, donde a veces ayudo a enseñar danzas a los niños. Esta gente está construyendo un puente entre el `paíis viejo' y el nuevo ambiente, lo cual facilita mi relación y participación con la danza.
Cada lugar en el que enseño me da un nuevo contexto para profundizar mi experiencia. Por ejemplo, me piden con bastante frecuencia que enseñe danzas gitanas y judías en Alemania. Este tipo de trabajo me resulta bastante desafiante y aun así he sido enormemente conmovida por el deseo de los bailarines alemanes de todas las edades, que dirigen su conciencia hacia la reconciliación, al elegir bailar danzas judías sobre tierra alemana. Ante eventos del pasado de los cuales se ha dicho tanto, las danzas y la música parecen poder sostener y aliviar todo lo que surge dentro del círculo.
La frontera más interesante de mi investigación es el trabajo interno de comprender lo que cada danza tiene para ofrecer. Para mí esto aparece solo al bailar la misma danza varias veces, y al permitirme ser tocada por ella. Prestando atención a los lugares lejanos dentro de nosotros, se revelan sensaciones y visiones nuevas. Todos podemos hacer este trabajo interno, aun la preimera vez que ponemos un pie en el círculo, si el maestro nos invita a hacerlo. La experiencia de cada uno es igualmente valiosa y no depende de la interpretación de nadie.
Esta investigación interior es especialmente recompensadora cuando se refiere a danzas de mujeres. Las mujeres de la cultura occidental hemos crecido sintiendo tanta vergüenza de nuestros cuerpos, que el estudio de la danza como arte sanador equivale a la exploración de una área vasta y oscura. Para muchas mujeres modernas es un territorio sin explorar. Puede dar temor reclamar la sensualida, gracia y belleza que es nuestro derecho de nacimiento, y es maravilloso tener las danzas como guías y compañeras. Nuestras abuelas de la familia de la humanidad nos han dejado danzas específicas para ayudarnos a entender nuestra energía, cuidarla, contenerla y soltarla. Las bailarinas del pasado conocían algunas cosas que hemos olvidado casi totalmente. Ellas tomaron en cuenta las generaciones venideras y quisieron que tuviéramos ayuda para atravesar las dificultades de nuestras vidas.

Cuáles son tus expectativas en esta visita a la Argentina?
Estoy absolutamente entusiasmada con esta visita. Tengo un profundo sentir sobre las rocas y los suelos de las Américas, porque parte de mis orígenes están enraizados en lo profundo de esa tierra. La otra parte de mi herencia viene de Europa, igual que para muchos argentinos, así que las cuestiones de exilio, éxodo, diáspora y la pérdida de la madre tierra, que son temas centrales en estas danzas, están vivos para los argentinos y para mí. Deseo explorar estos temas humanos perennes desde una perspectiva latinoamericana. Estoy segura de que voy a aprender mucho de los argentinos. Cada círculo que danza es único, un eslabón en una cadeno de oro que se extiende hacia el pasado ... a cientos o miles de años a través del tiempo y del espacio y nos conecta con todos aquellos que alguna vez han danzado en círculo. Mi único expectativa en la Argentina es que juntos podamos forjar nuevos eslabones de esta preciosa cadena, y recordemos que somos hermanos y hermanas de la familia de la humanidad.


Una Experiencia con Laura

Cielo Damis

En Bretaña, Francia, en una sala rodeada de bosques, compartí con quince personas tres días de profunda comunión con la danza, con la presencia guiadora de Laura y sintiendo el placer que ella enseña a descubrir. Personalmente, me impactó ver cómo la música y el movimiento se apoderan de ella y la habitan de tal forma que, súbitamente, estamos todos impulsados a participar. Eso genera un clima ritual en toda la jornada, un silencio expectante ante su trabajo. El grupo, espontáneamente, se armoniza.

En la primera etapa, la del aprendizaje, elle se esfuerza - con mirada aguda y paciente - en convocar la autenticidad de nuestro movimiento, repitiendo los pasos mientras relata su sentido, su coherencia con la historia del pueblo que la practica, con su cultura, su geografía. Trata cada danza con particularidad, como refiriéndose a alguien muy querido, señalando sus cualidades y avisando en qué aspectos tener cuidado para no herir su integridad. Después de un día y medio de recopilación de datos, empezamos a disfrutar: escuchar la música, conocer el nombre de cada danza. Laura agrega detalles de estilo que las embellecen y le suman intensidad. Además, allí encontramos los momentos en que una danza hay expresión personal o improvisación, elementos muy valorados, pero en su justa medida. Y si tienes oportunidad de hacerle preguntas sinceras sobre tu forma de bailar, Laura señala amorosamente puntos claves en el camino de la total comunión con al danza.

El final del encuentro culminó con la extracción, al azar, de dos angelitos por participante, de una pequeña bolsa del centro de la ronda. Dos ángeles, dos cualidades únicas que cada uno aporta al grupo, a su identidad.